Cuando pase el temblor…

No pecamos de excesivo optimismo cuando decimos que pasada  la crisis económica y social causada por la propagación del virus COVID -19 muchas cosas en la sociedad van cambiar, pues no es que consideremos, como muchos, en medio de un animismo inexplicable que las crisis en sí mismas significan una mejora para la sociedad.

Aunque el cambio resulta inevitable, son muchas las razones que tenemos para creer que pasada la crisis, los clérigos de las tesis que hoy profundizan la crisis, predicaran desde el púlpito de las organizaciones multilaterales y los think tank de élite la necesidad de recuperar ese “modelo perfecto” que teníamos antes de la crisis.

No, las crisis no siempre nos hacen ser mejores, tal vez esta nos ponga en peores condiciones, pero creemos importante que pongamos en evidencia que es una oportunidad de corregir y mejorar lo que ya no funcionaba antes de la crisis, sobre todo para evitar, que esta crisis sirva para que muchos justifiquen las dolorosas consecuencias de la manera como se está concibiendo y ejecutando el actual modelo económico y político de los últimos cuarenta años, diciendo que la inaceptable desigualdad y el debilitamiento del Estado se debe al virus y su crisis coyuntural y no a las fallas estructurales que lo precedieron.

Antes de siquiera pensar en un evento mundial que obligara a suspender la inmensa mayoría de actividades económicas y sociales, la desigualdad en el mundo ya tenía cordones de miseria adornando las principales ciudades del mundo. En Colombia, antes de la crisis ya sabíamos de sobra que el sistema de salud y seguridad social  era incapaz de atender las necesidades de la población; ya era evidente que la mayoría de los ocupados estaban en la informalidad y que los hogares, en su mayoría, no tenían capacidad de ahorro para soportar, no una crisis, sino un retraso en el recobro de la cartera.

En ese sentido, las situaciones más difíciles de esta crisis en materia económica y social ponen crudamente en evidencia la fragilidad de la sociedad que tenemos y sus instituciones; no esperamos desde luego que se haya previsto esta situación atípica y coyuntural, aprovechamos la contingencia para insistir en la necesidad de transformar estructuralmente muchas cosas en la sociedad.

Cuando pase el temblor es  una propuesta pensada para poner a disposición de la sociedad nuestras reflexiones técnicas y políticas, para superar la crisis emergente y apostarle a que las transformaciones que vienen mejoren los esfuerzos antes hechos.

Esta propuesta no es, desde luego, un paredón para recriminar a los dirigentes y sus decisiones en días difíciles;  es más bien un ejercicio que busca ser útiles en estos días y aportar reflexiones, los que podemos por no estar atendiendo la emergencia o sufriéndola,  con el propósito de incidir en los cambios que vienen después de la crisis para no caer de nuevo en los mismos errores.

Cuando pase el temblor es una declaración de principios, una constancia histórica, como todas, que pretenden aprovechar la coyuntura para reflexionar sobre las necesidades de la sociedad y, sobre todo, hacer propuestas.

Va a pasar el temblor, pero cuando pase, los días de cambio y el discurso de la emergencia y la recuperación van a inundar todas las acciones sociales y de política pública. Queremos poner nuestras ideas, para que no solo nos unamos como sociedad para recuperarnos de las consecuencias de la crisis en la post pandemia, sino para que aprovechemos esta oportunidad para corregir políticas y que al final del temblor, estemos mejor, de lo que estábamos antes de la crisis.